©  Rafael Montoto Llera

 

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Para ser funcionario se exigen unos conocimientos específicos, certificar su capacitación para el puesto y pasar por un filtro de selección muy competido, por lo que no se puede dudas de su profesionalidad. Tomemos, por ejemplo, el caso de los médicos, los técnicos de Hacienda, los profesores, los científicos, los bomberos o las fuerzas de seguridad. No son ellos los responsables de la ansiedad del pueblo, sino los políticos que demuestran conocer tan solo las técnicas dialécticas que les permiten apropiarse del poder convenciendo al pueblo de que lo negro es blanco. Son aquellos que, sin ningún conocimiento sobre la materia, se atreven a asumir importantes decisiones con el único objetivo de enriquecerse personalmente y enriquecer a sus amigos, aunque las medidas que tomen acaben perjudicando a los ciudadanos hasta el punto que, en ocasiones, les pueda costar la vida. La crisis institucional que padecemos genera una situación de ansiedad porque el pueblo no se ve capaz de crear una nueva estructura organizativa que permita canalizar la voluntad de la mayoría. Para ello, los actuales partidos deberían abrirse a la participación y establecer mecanismos de democracia directa en su propio seno. Podrían comenzar por la elaboración de las listas de candidatos para la elección de diputados y senadores de una forma más democrática. Los candidatos para representar al pueblo no pueden ser personas anónimas, elegidas por su partido y a las que solo conozcamos por los medios de comunicación, sino aquellos cuya honorabilidad y conocimientos nos consten. Lo mismo ocurre con los alcaldes. Deberían ser personas a las que el elector conozca personalmente. Para impedir el anonimato de los candidatos las grandes ciudades deberían dividirse en distritos. Y, por supuesto, los mismos que están capacitados para elegirlos deben tener la capacidad de destituirlos, si lo consideran oportuno. Las decisiones de los ciudadanos deben ser vinculantes en todos los asuntos, y no solo en los intrascendentes. El pueblo no debe limitarse a pedir o exigir, sino que debe ejercer su poder soberano. Para ello debe tener la vocación por ejercer su poder legítimo. Algunos podrían considerar la posibilidad de una democracia real sin partidos políticos o sin organizaciones de tipo político, pero hay que distinguir entre el funcionamiento que hasta ahora han tenido la mayoría de los partidos y la función que debería cumplir una organización política en una democracia real. Para iniciar el camino del cambio podemos comenzar por enviar una copia de este trabajo a las personas de confianza para tratar de formar un pequeño grupo de no más de treinta personas en el que no tengamos reparo en exponer nuestro propio punto de vista, con el objetivo de debatir sobre lo que aquí se expone, aportando ideas, consensuando opiniones y, finalmente, proponiendo las acciones a seguir. Obviamente, conviene diseñar las actividades de participación con una frecuencia que resulte viable y que no llegue a la saturación, primando el sentido común. Pero no basta que la gente se reúna, debata, opine y decida. No basta con que existan los canales de participación. Es fundamental la persona de los voluntarios. Del mismo modo que hay voluntarios en la defensa del medio ambiente o de la salud, también es necesaria la existencia de voluntarios en el trabajo social. Ellos serán quienes expresen las soluciones a las diferentes ideas, las difundan, defiendan y trabajen por hacerlas realidad. Sin su esfuerzo, nada de esto sería posible. Es necesario que los voluntarios lideren, organicen los ámbitos y contagien entusiasmo a los demás. Toda la organización social de la democracia participativa debe tener su motor en el voluntariado. El liderazgo político debe corresponder a las personas en base a sus acciones, conocimientos, capacidad analítica, coherencia, honestidad, etc. Desde los medios de comunicación se trata muchas veces de potenciar falsos liderazgos y en ocasiones la gente se ha dejado engañar, por lo que debemos buscar referencias más cercanas, entre la gente con la que dialogamos cotidianamente. Y, en todo caso, las referencias para el conjunto del Estado surgirán de las redes sociales y otros canales de comunicación. De esta forma, la gente normal, que trata de ser coherente y solidaria, que intenta razonar en función de ayudar a resolver las necesidades del conjunto, se irá convirtiendo en referencia social y en ello radicará ese nuevo concepto de poder que ayudará a reordenar la sociedad. Para conseguirlo debe haber unidad en acciones conjuntas mientras se llega al consenso de un proyecto común. Pero no puede ser el consenso de las cúpulas que luego se repartirán los cargos, sino el consenso popular para apoyar un proyecto. En una segunda fase, estos grupos deberían converger en foros temáticos para debatir proyectos e ideas y proponer acciones conjuntas, además de convocar Asambleas Vecinales con todos los vecinos que quieran participar en función del tema a tratar y con el fin de exponer, intercambiar, consensuar, decidir y actuar. También será interesante poner en marcha medios de difusión propios, ya sean digitales o en papel, para comunicar sus actividades y propuestas con el objetivo de que toda la población participe. Además de las propuestas en el plano municipal, deben debatirse las transformaciones que se deberían hacer a nivel nacional, orientándose hacia el consenso de un verdadero proyecto integral. Y, por supuesto, fomentar la circulación de la información, propuestas y puntos de vista por toda la red de la organización social, de modo que se puedan ir construyendo referencias sociales, no solamente a nivel de grupo, sino también a escala provincial y nacional, como modo de construir un verdadero poder social coherente y que el pueblo recupere y ejerza su soberanía. Solo a modo de ejemplo vamos a exponer algunos métodos no violentos de protesta y persuasión: 1. Creación de grupos de trabajo en los que se debatan en libertad ideas y proyectos. 2. Hacer declaraciones públicas. 3. Publicar cartas de oposición o de apoyo. 4. Creación de Asambleas Vecinales. 5. Firmar peticiones masivas (tipo change.org) 6. Creación de medios de difusión (¿Internet?) 7. Discursos públicos. 8. Organizar homenajes ante lugares simbólicos. 9. Fijar carteles. 10. Repartir folletos. 11. Exposición de retratos. 12. Usar símbolos en el vestido (como pañuelos, lazos o brazaletes) 13. Asistir a los Plenos Municipales portando esos símbolos. 14. Organizar manifestaciones. 15. Representar obras burlescas en la calle. 16. Ocupar un lugar sentándose en el suelo. 17. Hacer vigilias en las calles. 18. Organizar mítines de protesta. 19. Organizar marchas o desfiles de vehículos. 20. Organizar Asambleas de protesta o apoyo. 21. Huelga de manos caídas. 22. Huelga estudiantil. 23. Boicot a las elecciones. 24. Practicar el acoso no violento.
Para ser funcionario se exigen unos conocimientos específicos, certificar su capacitación para el puesto y pasar por un filtro de selección muy competido, por lo que no se puede dudas de su profesionalidad. Tomemos, por ejemplo, el caso de los médicos, los técnicos de Hacienda, los profesores, los científicos, los bomberos o las fuerzas de seguridad. No son ellos los responsables de la ansiedad del pueblo, sino los políticos que demuestran conocer tan solo las técnicas dialécticas que les permiten apropiarse del poder convenciendo al pueblo de que lo negro es blanco. Son aquellos que, sin ningún conocimiento sobre la materia, se atreven a asumir importantes decisiones con el único objetivo de enriquecerse personalmente y enriquecer a sus amigos, aunque las medidas que tomen acaben perjudicando a los ciudadanos hasta el punto que, en ocasiones, les pueda costar la vida. La crisis institucional que padecemos genera una situación de ansiedad porque el pueblo no se ve capaz de crear una nueva estructura organizativa que permita canalizar la voluntad de la mayoría. Para ello, los actuales partidos deberían abrirse a la participación y establecer mecanismos de democracia directa en su propio seno. Podrían comenzar por la elaboración de las listas de candidatos para la elección de diputados y senadores de una forma más democrática. Los candidatos para representar al pueblo no pueden ser personas anónimas, elegidas por su partido y a las que solo conozcamos por los medios de comunicación, sino aquellos cuya honorabilidad y conocimientos nos consten. Lo mismo ocurre con los alcaldes. Deberían ser personas a las que el elector conozca personalmente. Para impedir el anonimato de los candidatos las grandes ciudades deberían dividirse en distritos. Y, por supuesto, los mismos que están capacitados para elegirlos deben tener la capacidad de destituirlos, si lo consideran oportuno. Las decisiones de los ciudadanos deben ser vinculantes en todos los asuntos, y no solo en los intrascendentes. El pueblo no debe limitarse a pedir o exigir, sino que debe ejercer su poder soberano. Para ello debe tener la vocación por ejercer su poder legítimo. Algunos podrían considerar la posibilidad de una democracia real sin partidos políticos o sin organizaciones de tipo político, pero hay que distinguir entre el funcionamiento que hasta ahora han tenido la mayoría de los partidos y la función que debería cumplir una organización política en una democracia real. Para iniciar el camino del cambio podemos comenzar por enviar una copia de este trabajo a las personas de confianza para tratar de formar un pequeño grupo de no más de treinta personas en el que no tengamos reparo en exponer nuestro propio punto de vista, con el objetivo de debatir sobre lo que aquí se expone, aportando ideas, consensuando opiniones y, finalmente, proponiendo las acciones a seguir. Obviamente, conviene diseñar las actividades de participación con una frecuencia que resulte viable y que no llegue a la saturación, primando el sentido común. Pero no basta que la gente se reúna, debata, opine y decida. No basta con que existan los canales de participación. Es fundamental la persona de los voluntarios. Del mismo modo que hay voluntarios en la defensa del medio ambiente o de la salud, también es necesaria la existencia de voluntarios en el trabajo social. Ellos serán quienes expresen las soluciones a las diferentes ideas, las difundan, defiendan y trabajen por hacerlas realidad. Sin su esfuerzo, nada de esto sería posible. Es necesario que los voluntarios lideren, organicen los ámbitos y contagien entusiasmo a los demás. Toda la organización social de la democracia participativa debe tener su motor en el voluntariado. El liderazgo político debe corresponder a las personas en base a sus acciones, conocimientos, capacidad analítica, coherencia, honestidad, etc. Desde los medios de comunicación se trata muchas veces de potenciar falsos liderazgos y en ocasiones la gente se ha dejado engañar, por lo que debemos buscar referencias más cercanas, entre la gente con la que dialogamos cotidianamente. Y, en todo caso, las referencias para el conjunto del Estado surgirán de las redes sociales y otros canales de comunicación. De esta forma, la gente normal, que trata de ser coherente y solidaria, que intenta razonar en función de ayudar a resolver las necesidades del conjunto, se irá convirtiendo en referencia social y en ello radicará ese nuevo concepto de poder que ayudará a reordenar la sociedad. Para conseguirlo debe haber unidad en acciones conjuntas mientras se llega al consenso de un proyecto común. Pero no puede ser el consenso de las cúpulas que luego se repartirán los cargos, sino el consenso popular para apoyar un proyecto. En una segunda fase, estos grupos deberían converger en foros temáticos para debatir proyectos e ideas y proponer acciones conjuntas, además de convocar Asambleas Vecinales con todos los vecinos que quieran participar en función del tema a tratar y con el fin de exponer, intercambiar, consensuar, decidir y actuar. También será interesante poner en marcha medios de difusión propios, ya sean digitales o en papel, para comunicar sus actividades y propuestas con el objetivo de que toda la población participe. Además de las propuestas en el plano municipal, deben debatirse las transformaciones que se deberían hacer a nivel nacional, orientándose hacia el consenso de un verdadero proyecto integral. Y, por supuesto, fomentar la circulación de la información, propuestas y puntos de vista por toda la red de la organización social, de modo que se puedan ir construyendo referencias sociales, no solamente a nivel de grupo, sino también a escala provincial y nacional, como modo de construir un verdadero poder social coherente y que el pueblo recupere y ejerza su soberanía. Solo a modo de ejemplo vamos a exponer algunos métodos no violentos de protesta y persuasión: 1. Creación de grupos de trabajo en los que se debatan en libertad ideas y proyectos. 2. Hacer declaraciones públicas. 3. Publicar cartas de oposición o de apoyo. 4. Creación de Asambleas Vecinales. 5. Firmar peticiones masivas (tipo change.org) 6. Creación de medios de difusión (¿Internet?) 7. Discursos públicos. 8. Organizar homenajes ante lugares simbólicos. 9. Fijar carteles. 10. Repartir folletos. 11. Exposición de retratos. 12. Usar símbolos en el vestido (como pañuelos, lazos o brazaletes) 13. Asistir a los Plenos Municipales portando esos símbolos. 14. Organizar manifestaciones. 15. Representar obras burlescas en la calle. 16. Ocupar un lugar sentándose en el suelo. 17. Hacer vigilias en las calles. 18. Organizar mítines de protesta. 19. Organizar marchas o desfiles de vehículos. 20. Organizar Asambleas de protesta o apoyo. 21. Huelga de manos caídas. 22. Huelga estudiantil. 23. Boicot a las elecciones. 24. Practicar el acoso no violento.