©  Rafael Montoto Llera

 

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El establecimiento de una moneda común, el euro, debilita a los gobiernos nacionales y conduce a una moneda única mundial que respalda directamente a la dictadura monetaria. La vuelta al Estado nacional requiere automáticamente la vuelta a la moneda nacional, pero el capitalismo financiero no permite la existencia de Estados fuertes y no reconoce la función protectora de éstos. Y, en cuanto los pueblos se quedan sin amparo, comienza su explotación porque globalización no significa otra cosa que el sometimiento a la aspiración colonialista del poder financiero, anulando las medidas de protección como los aranceles aduaneros. Observemos que la presión fiscal europea se sitúa en el 40%, es decir, el Estado se queda con 40 euros de cada 100 que ganes (en España es del 35%), pese a lo cual, las Naciones Unidas exigen que, además, Europa pague la deuda de los países tercermundistas. Para ocultar este hecho a sus ciudadanos, los criterios de estabilidad de la propia Unión Europea permiten el crecimiento de la deuda de los Estados en un ritmo del tres por ciento anual. Imaginemos una familia cuyas medidas de ahorro consisten en aumentar sus deudas cada año: en algún momento tendrá que pasar hambre por mucho que los comercios estén llenos de mercancías. Los campesinos, por su parte, son condenados a un sueldo tercermundista porque sus productos deben competir en precio con aquellos importados de países donde no hay cotizaciones sociales o la presión fiscal es mucho menor, mientras que su maquinaria, suministros o las propias cotizaciones están reguladas con precios europeos. Si se redujeran las subvenciones a los políticos, los partidos, los periodistas, los sindicatos y los artistas que sirven a intereses abyectos, el sueldo de los que nos alimentan estaría garantizado y la desaparición del campesinado se vería frenada. Con el fracaso del Estado en su calidad de tutor del pueblo, resulta más fácil el soborno a políticos para que coordinen la desestabilización del poder estatal. Los datos hasta ahora conocidos parecen indicar que la debilidad de la economía europea beneficia a Estados Unidos, que solo pueden mantenerse económicamente gracias a su déficit y a la manipulación en la cotización del dólar.
El establecimiento de una moneda común, el euro, debilita a los gobiernos nacionales y conduce a una moneda única mundial que respalda directamente a la dictadura monetaria. La vuelta al Estado nacional requiere automáticamente la vuelta a la moneda nacional, pero el capitalismo financiero no permite la existencia de Estados fuertes y no reconoce la función protectora de éstos. Y, en cuanto los pueblos se quedan sin amparo, comienza su explotación porque globalización no significa otra cosa que el sometimiento a la aspiración colonialista del poder financiero, anulando las medidas de protección como los aranceles aduaneros. Observemos que la presión fiscal europea se sitúa en el 40%, es decir, el Estado se queda con 40 euros de cada 100 que ganes (en España es del 35%), pese a lo cual, las Naciones Unidas exigen que, además, Europa pague la deuda de los países tercermundistas. Para ocultar este hecho a sus ciudadanos, los criterios de estabilidad de la propia Unión Europea permiten el crecimiento de la deuda de los Estados en un ritmo del tres por ciento anual. Imaginemos una familia cuyas medidas de ahorro consisten en aumentar sus deudas cada año: en algún momento tendrá que pasar hambre por mucho que los comercios estén llenos de mercancías. Los campesinos, por su parte, son condenados a un sueldo tercermundista porque sus productos deben competir en precio con aquellos importados de países donde no hay cotizaciones sociales o la presión fiscal es mucho menor, mientras que su maquinaria, suministros o las propias cotizaciones están reguladas con precios europeos. Si se redujeran las subvenciones a los políticos, los partidos, los periodistas, los sindicatos y los artistas que sirven a intereses abyectos, el sueldo de los que nos alimentan estaría garantizado y la desaparición del campesinado se vería frenada. Con el fracaso del Estado en su calidad de tutor del pueblo, resulta más fácil el soborno a políticos para que coordinen la desestabilización del poder estatal. Los datos hasta ahora conocidos parecen indicar que la debilidad de la economía europea beneficia a Estados Unidos, que solo pueden mantenerse económicamente gracias a su déficit y a la manipulación en la cotización del dólar.