©  Rafael Montoto Llera

 

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La mayoría de las personas piensan que democracia es la existencia de un Parlamento, una Constitución, Partidos Políticos y unas elecciones. Sin embargo, lo cierto es que estos elementos no son más que meras manifestaciones de la voluntad popular. El Estado, por su parte, no deja de ser otra cosa que una agrupación de familias creada para proteger a sus integrantes, por lo que debería ser siempre el objetivo de cualquier pueblo. En un Estado social, el requisito básico debería ser la igualdad entre sus ciudadanos. No física, moral o mentalmente, porque es en la diversidad donde se encuentra la riqueza del pueblo. Ni tan siquiera económicamente, nivelando la riqueza personal, porque no se puede restringir a nadie el producto de su propia capacidad y de su esfuerzo. La igualdad verdadera supone que se garanticen a todos los ciudadanos los mismos medios. En su juventud, el alojamiento, manutención, sanidad, y, de forma muy significativa, la educación. Más tarde podrá actuar como estime oportuno, por supuesto dentro de un orden. Hasta que llegue ese momento, los padres deberán cuidar y orientar la educación de sus hijos bajo el control último de la comunidad, que se reserva el derecho y la obligación de quitar los hijos a aquellos padres que les den un trato cruel e inhumano, o perjudiquen el desarrollo físico y mental de sus hijos. Terminada la educación, primaria y secundaria, los niños, según sus capacidades y preferencias, y aconsejados por sus profesores, escogerán una escuela superior o un centro de enseñanza profesional para dedicarse al estudio de la rama industrial que deseen desempeñar. Ciertamente, cada cual es libre de morirse o de irse a vivir a las montañas, pero quien quiera vivir en sociedad debe ganarse la vida con su trabajo, o será tratado como un parásito que vive del trabajo de los demás. Ese trabajo puede desarrollarse individualmente o de forma colectiva, creando, en este caso, lazos personales que van a establecer el comportamiento de todos los miembros del equipo, y donde la figura de un líder es fundamental para promover su cohesión, expresada a través del compañerismo y el sentido de pertenencia al grupo. Tendemos a olvidar que la empresa no deja de ser la gente que en ella trabaja y, en ocasiones, les hacemos sentir como prisioneros tan solo por pretender el mayor beneficio empresarial, en vez de intentar conseguir el mejor producto, tomando en cuenta la importancia de todos los empleados. Una parte de ellos se dedica al trabajo no especializado, pese a su capacidad intelectual, porque han nacido en la pobreza y se han visto obligados a enfrentarse a la vida indefensos, sin iniciativa y sin voluntad propia debido a su falta de estudios, por lo que casi nunca se dan cuenta de quiénes son los responsables de sus sufrimientos, y seguirán siendo explotados mientras la verdadera educación siga siendo, por cuestión de precio, un derecho exclusivo de la clase privilegiada que desarrolla el trabajo científico y las funciones directivas. Para cambiar esta situación es necesario ampliar la relación entre el directivo que manda y el obrero que obedece. Si los intelectuales dedicaran una parte de su tiempo a trabajar manualmente y los obreros a pensar, tendríamos la base de la dignidad social, porque todos tenemos siempre una opinión que ofrecer en relación a cualquier proyecto y siempre nos podemos beneficiar de escuchar ideas ajenas. Además, se establece un diálogo en el que los obreros son tomados en cuenta, con el resultado de una mayor participación y la obtención de mejores resultados. En esta sociedad, los ancianos y los enfermos deberán disfrutar de todos sus derechos `políticos y sociales, y serán mantenidos generosamente por todo el conjunto. La mujer, por su parte, que es diferente al hombre, pero no inferior a él, sino trabajadora y libre como él, es reconocida igual al hombre tanto en los derechos como en las funciones y deberes políticos y sociales. Debido a que el sentido de la vida no es otro que dar vida, la mujer no puede renunciar a sus deseos de ser madre tan solo por ocupar un empleo. De hecho, la victoria del matrimonio sobre la lucha de género es evidente, porque la mayoría de divorciados intentan volver a casarse. Por mucho que los medios de comunicación traten de provocar la lucha de sexos, resulta que siempre habrá mujeres que vuelvan o sigan al lado de los hombres quienes, por cierto, en todas las épocas lavaron platos o fregaron suelos mientras cumplían el servicio militar, iban a la guerra o se embarcaban rumbo a Groenlandia para la pesca del bacalao. En el ámbito familiar, esta tarea recaía en la mujer porque resultaba menos peligrosa que ir a la guerra o cazar fieras. Con esto no se pretendía menospreciar a nadie, ya que la humanidad solo podía sobrevivir porque los dos, hombre y mujer, luchaban por sacar adelante a los suyos y cada uno de ellos cumplía con su parte. Resulta evidente que el éxito siempre va precedido por la especialización en cualquier campo concreto y la forma más antigua de especialización se daba en las actividades masculinas y femeninas. Y, para finalizar, un apunte sobre economía: si la democracia es el gobierno del pueblo, la economía debe estar sometida al pueblo, del que emana todo el poder y, por eso no puede convertirse en su dueño.
La mayoría de las personas piensan que democracia es la existencia de un Parlamento, una Constitución, Partidos Políticos y unas elecciones. Sin embargo, lo cierto es que estos elementos no son más que meras manifestaciones de la voluntad popular. El Estado, por su parte, no deja de ser otra cosa que una agrupación de familias creada para proteger a sus integrantes, por lo que debería ser siempre el objetivo de cualquier pueblo. En un Estado social, el requisito básico debería ser la igualdad entre sus ciudadanos. No física, moral o mentalmente, porque es en la diversidad donde se encuentra la riqueza del pueblo. Ni tan siquiera económicamente, nivelando la riqueza personal, porque no se puede restringir a nadie el producto de su propia capacidad y de su esfuerzo. La igualdad verdadera supone que se garanticen a todos los ciudadanos los mismos medios. En su juventud, el alojamiento, manutención, sanidad, y, de forma muy significativa, la educación. Más tarde podrá actuar como estime oportuno, por supuesto dentro de un orden. Hasta que llegue ese momento, los padres deberán cuidar y orientar la educación de sus hijos bajo el control último de la comunidad, que se reserva el derecho y la obligación de quitar los hijos a aquellos padres que les den un trato cruel e inhumano, o perjudiquen el desarrollo físico y mental de sus hijos. Terminada la educación, primaria y secundaria, los niños, según sus capacidades y preferencias, y aconsejados por sus profesores, escogerán una escuela superior o un centro de enseñanza profesional para dedicarse al estudio de la rama industrial que deseen desempeñar. Ciertamente, cada cual es libre de morirse o de irse a vivir a las montañas, pero quien quiera vivir en sociedad debe ganarse la vida con su trabajo, o será tratado como un parásito que vive del trabajo de los demás. Ese trabajo puede desarrollarse individualmente o de forma colectiva, creando, en este caso, lazos personales que van a establecer el comportamiento de todos los miembros del equipo, y donde la figura de un líder es fundamental para promover su cohesión, expresada a través del compañerismo y el sentido de pertenencia al grupo. Tendemos a olvidar que la empresa no deja de ser la gente que en ella trabaja y, en ocasiones, les hacemos sentir como prisioneros tan solo por pretender el mayor beneficio empresarial, en vez de intentar conseguir el mejor producto, tomando en cuenta la importancia de todos los empleados. Una parte de ellos se dedica al trabajo no especializado, pese a su capacidad intelectual, porque han nacido en la pobreza y se han visto obligados a enfrentarse a la vida indefensos, sin iniciativa y sin voluntad propia debido a su falta de estudios, por lo que casi nunca se dan cuenta de quiénes son los responsables de sus sufrimientos, y seguirán siendo explotados mientras la verdadera educación siga siendo, por cuestión de precio, un derecho exclusivo de la clase privilegiada que desarrolla el trabajo científico y las funciones directivas. Para cambiar esta situación es necesario ampliar la relación entre el directivo que manda y el obrero que obedece. Si los intelectuales dedicaran una parte de su tiempo a trabajar manualmente y los obreros a pensar, tendríamos la base de la dignidad social, porque todos tenemos siempre una opinión que ofrecer en relación a cualquier proyecto y siempre nos podemos beneficiar de escuchar ideas ajenas. Además, se establece un diálogo en el que los obreros son tomados en cuenta, con el resultado de una mayor participación y la obtención de mejores resultados. En esta sociedad, los ancianos y los enfermos deberán disfrutar de todos sus derechos `políticos y sociales, y serán mantenidos generosamente por todo el conjunto. La mujer, por su parte, que es diferente al hombre, pero no inferior a él, sino trabajadora y libre como él, es reconocida igual al hombre tanto en los derechos como en las funciones y deberes políticos y sociales. Debido a que el sentido de la vida no es otro que dar vida, la mujer no puede renunciar a sus deseos de ser madre tan solo por ocupar un empleo. De hecho, la victoria del matrimonio sobre la lucha de género es evidente, porque la mayoría de divorciados intentan volver a casarse. Por mucho que los medios de comunicación traten de provocar la lucha de sexos, resulta que siempre habrá mujeres que vuelvan o sigan al lado de los hombres quienes, por cierto, en todas las épocas lavaron platos o fregaron suelos mientras cumplían el servicio militar, iban a la guerra o se embarcaban rumbo a Groenlandia para la pesca del bacalao. En el ámbito familiar, esta tarea recaía en la mujer porque resultaba menos peligrosa que ir a la guerra o cazar fieras. Con esto no se pretendía menospreciar a nadie, ya que la humanidad solo podía sobrevivir porque los dos, hombre y mujer, luchaban por sacar adelante a los suyos y cada uno de ellos cumplía con su parte. Resulta evidente que el éxito siempre va precedido por la especialización en cualquier campo concreto y la forma más antigua de especialización se daba en las actividades masculinas y femeninas. Y, para finalizar, un apunte sobre economía: si la democracia es el gobierno del pueblo, la economía debe estar sometida al pueblo, del que emana todo el poder y, por eso no puede convertirse en su dueño.